Las enormes distancias entre las grandes urbes, las elevadas temperaturas y la dureza del territorio desértico se postulaban como los grandes obstáculos en las rutas comerciales de Oriente. Como respuesta, a modo de red capaz de sortear las dificultades y optimizar el funcionamiento de todos esos tránsitos y flujos de viajeros y mercaderes, se generó una infraestructura rizomática apoyada en una serie de nodos constituidos por los 'hans' (depósitos de almacenaje) y los 'caravasares'. Ambos elementos se configuraban como una serie de puntos intermedios de contacto, de gran importancia estratégica por tratarse de charnelas capaces de vincular grandes ámbitos distanciados.
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| Red de caravasares comprendida entre Ankara, Antalya y Divriği (Turquía) |
Resulta como si, en cierto sentido, ya
hubiesen sido trasladados a escala territorial los planteamientos del Team X y
los Smithson acerca de la 'Cluster city' (ciudad-racimo), una estructura urbana
basada en homogeneizar las jerarquías entre las entidades de grupo y en asociar
los distintos elementos autónomos para generar un tejido hiperconectado.
El caravasar, o caravanserai,
debe su origen etimológico a la suma de los términos persas 'karavan' (كاروان, viajeros) y
'sara' (سرا, hospedería, refugio), posteriormente fusionados en un único
vocablo al ser trasladados al lenguaje turco. En cantidad de ocasiones, la
evolución del significante es producto de su adaptación al significado, de manera
que esta suerte de transformaciones no hace extraño pensar que el caravasar pueda tratarse,
efectivamente, de un equipamiento híbrido cuyo sustento es el intercambio cultural.
A modo de los axones en el sistema
neuronal, la función principal del caravasar es la de impulsar y dirigir el material
transportado a lo largo de una urdimbre que ejerce de soporte base entre los
distintos puntos de destino. En este sentido, su disposición equidistante en el
terreno, salvando distancias de unos treinta kilómetros a lo largo de las rutas, permitía cubrir la
jornada de viaje y dar pie al inicio de la siguiente.
Su
estructura interna, del mismo modo, sabe adaptarse óptimamente a su función y al contexto. En este sentido, dada su alta capacidad de control territorial, se configuraba externamente como fortaleza sólida y opaca, en ocasiones incluso provista de torres vigías y estructuras defensivas, definiendo un perímetro claramente
reconocible. Todos estos bordes eran reforzados interiormente por una masa
densa de usos que permitían recibir, albergar y dar reposo a los viajeros. Esta
banda exterior sólo era perforada en el punto de acceso, a través de un amplio
umbráculo precedido por una monumental puerta de acceso que permitía el paso de
los bienes y los animales de transporte y carga de mayor tamaño.
Los paquetes de usos contenían celdas habitables, almacenes de mercancías, tiendas, establos, cocinas, aseos y baños termales, todos ellos volcados a través de galerías con amplias arcadas al espacio protagonista: el vacío construido en el interior. Este gran patio central adquiría el carácter de escenario público capaz de ser patio de abluciones en las horas de rezo, bebedero para los animales, o mercado improvisado entre comerciantes y viajeros recién llegados desde procedencias muy diversas. En definitiva, un espacio cedido al intercambio y a la diversidad social, cultural y material. Un espacio público.
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| Viajeros descansando en el patio del Caravasar de Kerbala (Irak) |


